lunes, 29 de julio de 2013



AZUCAR EN EL TÉ.
La costumbre de añadir azúcar al té es totalmente occidental. El azúcar era otro de los grandes productos coloniales y, en la introducción del té en Europa por holandeses y británicos, comenzó a beberse endulzado con leche o azúcar para evitar el amargor producido por una infusión excesiva de sus hojas (es el tanino lo que produce el sabor amargo y áspero de té, cuando se excede su tiempo de reposo).
En origen, en China nunca se endulzó el té; el azúcar nunca estuvo en la tradición china. Tampoco en Japón. En ambos países, endulzar el té era considerado una excentricidad europea.
Pero es entre los consumidores del mundo islámico donde se llega al límite endulzando el té. En el norte de Africa se bebe un té extremadamente dulce, acorde a sus gustos de paladar y para evitar la astrigencia producida al cocer las hojas de té (el “té moruno”). En Turquía, Irán y Asía Central, más moderados, la costumbre es endulzar la boca con un cristal de azúcar candi mientras se bebe en té.
El azúcar, que duda cabe, afecta al sabor del té. Pero también es una costumbre cultural, como tantas otras que rodean al té: la bebida siempre se ha adaptado a las culturas que la han hecho suya.

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